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viernes, 25 de diciembre de 2009

¡Haremos estallar sus religiones!!

Las religiones están basadas en cuento, leyendas y fantasías teológicas inventadas sin ningún tipo de rigor ni de documentación.

Grupo Bandera Negra - F.I.J.A.





La religión parte de la base del desarrollo de la razón en el ser humano primitivo y en las ganas de entender la realidad que ante él se presentaba. De buscar y dar una respuestas a esas incógnitas que no podía entender. Todas las sociedades han tenido en la religión, su eje de funcionamiento en el cual se han basado sus decisiones políticas, sociales y económicas.

El cristianismo fue una de las principales causas de la caída de Roma y la que ha sentido la necesidad de ser el heredero de este imperio llevando políticas de unificación en la sociedad feudal, políticas expansionistas y de control de las rutas comerciales con Oriente, sembrando la destrucción de civilizaciones avanzadas produciendo miles de matanzas, asesinatos y saqueos para llevar la siniestra luz de Dios a las personas sometidos e iluminar con ella los corazones de pueblos condenados a la miseria y al fanatismo.

La idealizada simbología que usa la iglesia católica y el cristianismo en general expresa el martirio, el sufrimiento y el sacrificio de su dios, que según los evangelios es ese al que llaman Iesus o Jesús. Este es hijo o la representación del mismo Dios en la Tierra, otra de tantas contradicciones que el libro sagrado de los cristianos plantea. Usan rituales siniestros basados en simular comer carne y sangre humana de su dios crucificado y asesinado brutalmente por defender supuestamente la fraternidad entre los desheredados, la obediencia ejemplar a su Dios y las doctrinas teológicas sacadas de las imaginaciones más perversas. El crucifijo es solo una imagen grotesca que busca implantar el temor y asimilar su moral haciendo de cada persona un ser sumiso y atemorizado de esta decadente figura. Si no eres fiel a el y a la institución eclesiástica, te espera el infierno y las más horribles torturas y vejaciones eternamente. La religión católica y todas las variantes y reformas que el poder y las controversias entre reyes y papas crearon, han seguido planteando en el ser humano y al pueblo concretamente la sumisión a su poder, la negación del desarrollo del individuo y la anulación en el desarrollo intelectual y científico.

Las religiones están basadas en cuento, leyendas y fantasías teológicas inventadas sin ningún tipo de rigor ni de documentación. ¿Nos tenemos que creer porque sí las absurdas y estúpidas historias como la de Adan y Eva, el Nirvana, la creación del mundo en 7 días, o las visiones simbólicas y catastrofistas del Apocalipsis o el Ragnarok? No tienen fundamento científico y están fuera de toda realidad, manteniendo al pueblo en la absoluta ignorancia. Con todo ello intentan dar respuestas absurdas a situaciones y realidades que más tarde y gracias a la ilustración, al humanismo y al desarrollo científico de las personas, se han podido rebatir. Un claro ejemplo en la defensa por parte de la iglesia cristiana de que la tierra es plana. Hasta que se demostró lo contrario y se evidencio, mucha gente murió a través de las herramientas de la iglesia piadosa y benevolente, como la inquisición, encargada de torturar y ejecutar salvajemente a todos aquellos que no comulgaban con el dogma de fe de la iglesia católica y del poder.

Se suele decir que a lo largo de la historia, el cristianismo es el culpable de fanatizar otras religiones como la Islamica, cuyos seguidores al principio basaban sus esfuerzos en el desarrollo del conocimiento y en el progreso de su civilización. Esto es uno de tantos factores que demuestra que el hecho de que exista cualquier doctrina dogmática, hace que las personas enloquezcan y se fanaticen, abandonando el cultivo de las artes y las ciencias por el de las armas y la sangre. No pasa esto con el budismo, religión en la cual basa su moral en la ausencia del hedonismo para alcanzar su fase superior, además de la ausencia de estamentos. Pero si implica la anulación absoluta del ser humano y el aislamiento del mismo de la sociedad, ya que la fe ciega solo es reflejo de no querer ver ni comprender la realidad.

La religión es y será un instrumento controlado por los poderosos y los dirigentes que constantemente renuevan y reinventan la figura de su Dios. Su educación religiosa y dogmática a la que somos sometidos desde pequeños y las costumbres culturales ligadas a la religión por años de sometimiento a su dictadura hace que las personas aceptan la religión como algo que les envuelve, que es parte de su vida, de la sociedad y de la cultura, aceptando también los ritos que les envuelven desde pequeños en todas las circunstancias de su vida. Esta situación hace del individuo un ser decadente, inyectándole una moral que anula su desarrollo como persona única, domina sus instintos y recorta el desarrollo de la razón sustituyéndolo por cuentos absurdos e ideas de majaras. Además propone una organización colectiva basada en la familia patriarcal, autoritaria y machista como pilar y base fundamental de la sociedad y en la caridad con los desfavorecidos, justificando la pobreza como causa natural que viene de la voluntad de Dios y de nuestros errores como seres humanos.

Nosotros como anarquistas proponemos la educación como forma de desarrollo del individuo único en base a la razón y la ciencia. Desarrollamos y trabajamos en la organización horizontal y federalista, sin clases ni dirigentes respetando a todos/as nuestros/as iguales y compartiendo todo lo producido y conquistado, promoviendo una sociedad sin riquezas, sin clases sociales, sin vaticanos, sin sinagogas, sin mezquitas, sin templos, sin figuras tétricas, sin miedos y sin libros llenos de verborreas mentales que solo infunden el temor y el fanatismo a la humanidad cegándola y llevándola a una locura colectiva.

Arrebatemos todas las riquezas que esas cucarachas robaron al pueblo. Dios vive dentro de nosotros porque es una mala invención que nos introducen desde pequeños, que mantenemos y se alimenta de nuestro miedo y nuestros males. Dios, Yavhé, Alá, Buda, Trimurti etc, dejaran de existir cuando les fusilemos y empecemos a creer en nosotros mismos, en la evolución de la razón y en el ser humano.

¡¡¡Hagamos estallar sus religiones!!!
http://grupobanderanegra.blogspot.com/2009/12/hagamos-estallar-sus-religiones.html

domingo, 13 de diciembre de 2009

Richard Dawkins - Conozca a mi primo el chimpancé

La mayoría de las personas tienen la certeza que los humanos son más importantes que los simios. Pero esa presunción tiene que ver más con una doble creación de estándares que con la biología.


Señor, usted está pidiendo dinero para salvar los gorilas. Muy loable sin duda. Pero no parece habérsele ocurrido que hay miles de bebes humanos sufriendo en el mismo continente, el africano. Habrá tiempo suficiente para preocuparnos de los gorilas cuando hallamos cuidado hasta el último de esos niños. ¡Escojamos las prioridades correctas por favor!


Esta carta hipotética podría haber sido escrita prácticamente por cualquier persona bien intencionada hoy en día. Al satirizarla, no quiero decir que no sería una buena idea dar a los niños la prioridad que espero que tengan, y también sería una buena idea hacerlo de otra manera. Solo estoy intentando mostrar la naturaleza irracional y automática de la doble creación de estándares para las especies. Para muchas personas es simplemente evidente por sí mismo que los humanos somos merecedores de un trato especial.

Para volver esto más evidente, considere la siguiente variación de la misma carta:

Señor, usted está pidiendo dinero para salvar los gorilas. Muy loable sin duda. Pero no parece habérsele ocurrido que hay miles de puercos hormigueros sufriendo en el mismo continente, el africano. Habrá tiempo suficiente para preocuparnos de los gorilas cuando hayamos cuidado hasta el último de esos puercos hormigueros. Escojamos las prioridades correctas por favor!

Esta segunda carta no evitará que se haga la pregunta: "¿Qué hay tan especial en los cerdos hormigueros?" Una buena pregunta, que exigirá una respuesta satisfactoria antes de tomarnos la carta en serio. Aún así, sugiero, que la primera carta no haría a la mayoría de las personas a hacerse la pregunta equivalente: "¿Qué hay de especial con los humanos?" Como decía, no niego que esta pregunta, a diferencia de la de los cerdos hormigueros, tuviese una respuesta poderosa. Solo estoy criticando la suposición no pensada de que en el caso de los humanos la pregunta no ha surgido.

La presunción especiecista que se aprecia aquí es muy simple. Los humanos son humanos y los gorilas son animales. Se ha abierto un abismo indiscutiblemente tan grande entre ellos que la vida de un único bebe humano vale más que la vida de todos los gorilas del mundo. El valor de la vida de un animal es apenas el costo de sustitución de substitución para su propietario -o en el caso de una especie rara, para la humanidad-. Pero coloque el mismo rótulo de Homo sapiens a un minúsculo pedazo, insensible de tejido embrionario, y su vida súbitamente salta a un valor infinitamente incalculable.

Esa manera de pensar caracteriza lo que quiero denominar mente discontinua. Todos concordaríamos que una mujer de 1,83 m de altura es alta, y que una mujer de 1,52 no. Palabras como "alta" y "baja" nos tienden a forzar el mundo en clases cualitativas, pero eso no significa que el mundo realmente está distribuido discontinuamente. Si usted me diese una mujer de 1,75 m de altura y se me pidiese decidir si ella debería ser llamada alta o no, yo encogería los hombros y diría: "si ella tiene 1,75 m eso ya no te dice lo que necesitas saber?" Pero una mente discontinua, para caricaturizar un poco, iría al tribunal (probablemente a un costo muy alto) para decidir si la mujer es alta o baja. De hecho, casi no es necesario decir caricatura. Por muchos años, los tribunales de África del sur han tenido un duro trabajo juzgando si individuos en particular, de ascendencia mixta, deben considerarse como blancos, negros o morenos.

La mente discontinua está en todas partes. Esta es especialmente influyente cuando concierne a los abogados y los religiosos (todos los jueces no solamente son abogados, también lo son una gran proporción de los políticos, y todos los políticos tienen que conquistar los votos de los religiosos). Recientemente, después de dar una conferencia pública, fui cuestionado por un abogado en la audiencia. El dirigió todo el peso de argucia legal confrontando un punto interesante de la evolución. Si la especie A evolucionó hasta la especie posterior B, él argumentó, debe haber un punto en que la madre pertenece a la especie A y el hijo pertenece a la nueva especie B. Los miembros de especies diferentes no se pueden cruzar. Entonces te propongo, prosiguió él, que un hijo difícilmente sería tan diferente de sus padres al punto de no poderse cruzar con los de su especie. Así, él concluyó triunfalmente, eso no es una falla fatal en la teoría de la evolución?


Un anillo alrededor del mundo

Se descubrió que las gaviotas de lomo oscuro europeas son el otro extremo de un anillo que comenzó como gaviotas argenteas. En cada estación del largo anillo, lo pájaros son lo suficientemente semejantes a sus vecinos como para poderse cruzar con ellos, hasta que se llega al final del continuo, en Europa. En ese punto la gaviota argentea y la de lomo oscuro no se cruzan. La única cosa especial respecto a las especies anillo es que los intermediarios aún están vivos. Todas las parejas de la especies emparentadas son potencialmente especies anillo. Los intermediarios deben haber vivido algún día. Sucede que en la mayoría de los casos ahora están muertos.

La mente discontinua entrenada del abogado insiste firmemente en colocar los individuos en esta o en otra especie. Él no admite la posibilidad que un individuo puede estar en medio camino entre las dos especies, o a un décimo de camino entre la especie A y la especie B. Los partidarios autodenominados pro-vida, y otros que se dedican a debates absurdos sobre donde exactamente en su desarrollo el feto "se vuelve" humano, exhiben la misma mentalidad discontinua. Es inútil decirles a esas personas que, dependiendo de que características te interesan, un feto puede ser "medio humano" o "un centésimo humano". "Humano", para una mente discontinua, es un concepto absoluto. No puede haber término medio. Y a partir de eso esto va mal.

El término "simios" generalmente significa chimpancés, gorilas, orangutanes, gibones y siamanes (Symphalangus syndactylus). Admitimos que somos semejantes a los simios, pero raramente percibimos que somos simios. Nuestro ancestro común con los chimpancés y los gorilas es mucho más reciente que su ancestro común con los simios asiáticos - los gibones y los orangutanes. No hay una categoría natural que incluya a los chimpancés, gorilas y orangutanes y excluya a los humanos. La artificialidad de la categoría "simios", como se entiende convencionalmente para excluir a los humanos, está representada por la Figura 1. Ese árbol genealógico muestra a los humanos en medio del denso grupo de los simios.

Todos los grandes simios que han vivido, incluyéndonos, están ligados unos a otros por una corriente ininterrumpida de lazos padre-hijo. Lo mismo es cierto para todos los animales y plantas que han vivido, sin embargo, las distancias involucradas son mucho mayores. Las pruebas moleculares sugieren que nuestro ancestro común con los chimpancés vivió en África, entre cinco y siete millones de años atrás, digamos que hay medio millón de generaciones. Esto no es mucho para los estándares evolutivos.

A veces se organizan eventos en los cuales millares de personas se toman de las manos y forman una corriente humana, digamos de costa a costa de los Estados Unidos, en apoyo a alguna causa o institución de caridad. Vamos a imaginar colocar una cadena de esas a lo largo del ecuador, a lo ancho de nuestro continente natal. África. Es un tipo de cadena, involucrando padres e hijos, y tenemos que hacer algunos trucos con el tiempo para imaginarla. Usted se para a la orilla del Océano Indico en el sur de Somalia, mirando hacía el norte, y dando su mano izquierda a su madre. Pero a su vez ella le da su mano a la madre de ella, tu abuela, y así sucesivamente. La corriente sigue su camino por la playa, a través de la árida sabana en dirección occidente, hacía la frontera de Kenia

¿Qué tan largo tenemos que ir para descubrir el ancestro común nuestro con los chimpancés? Es un camino supremamente corto. Admitiendo cerca de una yarda por persona (N. Del T. 1 yarda = 0,91 metros), llegamos al ancestro que compartimos con los chimpancés en menos de 300 millas (N. Del T 483 Km.). Apenas habríamos empezado a cruzar el continente; aún no estaríamos a medio camino al Gran Valle del Rift. El ancestro está bien al oriente del monte de Kenia, y asegurado en su mano una corriente entera de sus descendientes lineares, culminando con usted, de píe en la pradera somalí.

La hija cuya mano está asegurando en su mano derecha es aquella persona de la cual nosotros somos descendientes. Ahora, el archí-ancestro gira hacía el oriente, y con su mano izquierda ella toma a su otra hija, aquella de la cual los chimpancés son descendientes (o su hijo, por supuesto). Las dos hermanas se están mirando cara a cara la una a la otra, y cada una de ellas está tomada de la mano a su madre. Ahora, la segunda fila, la ancestral de los chimpancés, seguirá de la mano de su hija en una nueva corriente que se ha formado dirigiéndose en dirección a la costa. La primera prima mira a la primera prima, la segunda prima mira a la segunda prima, y así sucesivamente. Con el tiempo la doble cadena habrá llegado a la costa nuevamente, está desemboca en los chimpancés modernos. Usted está cara a cara con su prima chimpancé, y estás unido a ella por una corriente sin interrupción de manos de madres dadas a sus hijas.

Si usted recorriese la línea por encima como un general haciendo una inspección - pasando por el Homo erectus, Homo habilis, y tal vez por el Australopithecus afarensis - y por abajo por el otro lado (los intermediarios del lado chimpancé no son mencionados porque hasta ahora no se ha encontrado ningún fósil), usted no encontraría en parte alguna una discontinuidad abrupta. Las hijas se parecen a sus madres tanto (o tan poco) como ellas siempre se asemejarán. Las madres amarían a sus hijas y sentirían afinidad con ellas, de la forma como siempre lo hacen. Y ese continuo de manos dadas, uniéndonos indeleblemente a los chimpancés es tan corto que escasamente cruza el interior de África, el continente madre.


Procreando con los eslabones perdidos

La corriente de simios africanos subdividiéndose sobre si misma, es en miniatura como el anillo de gaviotas alrededor del hemisferio norte, excepto que los intermediarios ya están muertos. El punto que quiero enfatizar es que, sin tener en cuenta la moralidad, podría ser incidental que los intermediarios. ¿Y si no lo estuviesen? Y si un grupo de especimenes intermediarios hubiese sobrevivido para ligarnos a los chimpancés modernos por una corriente, no solo de manos tomadas, sino de entrecruzamientos? Recuerdas la canción: "Bailé con un hombre, que bailó con una chica que bailó con el Príncipe de Gales? No podemos (del todo) procrear con los chimpancés modernos, pero necesitaríamos tan solo de un puñado de especimenes intermediarios para ser capaces de cantar: "Procreé con un hombre, que procreó con una chica, que procreó con un chimpancé".

Es una suerte rara que ese puñado de intermediarios no existan más ("suerte" desde un punto de vista; personalmente adoraría conocer-los). Pero en ese caso nuestras leyes y reglas morales habrían sido muy diferentes.
Solo necesitaríamos conocer un único sobreviviente; digamos un Australopithecus remanente en una selva Budongo, y nuestro precioso sistema de normas y de ética sería despedazado. Las fronteras con las cuales segregamos nuestro mundo serían despedazadas. El racismo se desvanecería junto con el especiesismo en una confusión inflexible y brutal. El Apartheid, para aquellos que han creído en el, tomaría una importancia nueva y tal vez más urgente.
Pero por qué, podría preguntarse un filósofo de la moral, esto debería ser importante para nosotros? Al final, no es solamente la mente discontinua la que quiere colocar barreras en cualquier caso? Tanto que si, en el continuo de los simios que han vivido en África, los sobrevivientes dejarían un abismo conveniente entre el Homo y elPan?.
De hecho no deberíamos, en cualquier caso, basar nuestro tratamiento a los animales en el hecho de poder o no procrear con ellos. Si queremos justificar nuestra ética de doble creación de estándares -si una sociedad concuerda que las personas deben ser tratadas mejor que, digamos las vacas (las vacas pueden ser cocinadas y comidas, las personas no)- debe haber mejores razones que las del parentesco de primos. Los humanos pueden ser taxonómicamente distantes de las vacas, pero no es más importante el hecho de que somos más inteligentes? O mejor, de acuerdo con Jeremy Bentham, los humanos pueden sufrir más que las vacas, aún si ellas lo detestarán tanto como los humanos (¿y por que rayos deberíamos suponer que no es así?), por no saber lo que están por vivir?.

Suponga que el linaje de los pulpos ha desarrollado cerebro y sentimientos comparables a los nuestros. Fácilmente podrían haberlo hecho. La mera posibilidad muestra la naturaleza accidental del parentesco de primos. Entonces, pregunta el filósofo moral, por qué enfatizar la continuidad humano/chimpancé? Sí, en un mundo ideal probablemente presentaríamos una mejor razón que la del parentesco, para, digamos, preferir la carnivoría al canibalismo. Pero el hecho melancólico es que, en el momento, las actitudes morales de la sociedad reposan casi enteramente en el imperativo especiesista y discontinuo.

¿Y si alguien consigue crear un híbrido humano/chimpancé?. Puedo asegurar, sin miedo a contradicción, que las noticias sacudirían al mundo. Los obispos irían a relinchar, los abogados se deleitarían en anticipación, los políticos conservadores irían a tronar, los socialistas no sabrían donde poner las barricadas. Los científicos que hubiesen hecho tal hazaña serían apabullados por los ámbitos políticamente correctos, denunciados en el pulpito y la prensa amarillista, condenado, tal vez, por la fatwa de un ayatolá. La política nunca más sería la misma, ni la teología, la sociología, la psicología o la mayoría de las ramas de la filosofía. El mundo que sería sacudido, por tal evento incidental como una hibridización, es de hecho un mundo especiesista, dominado por la mente discontinua.

He argumentado que la laguna discontinua entre los humanos y "los simios" que levantamos en nuestras mentes es lamentable. También argumenté que, en cualquier caso, la presente posición del abismo sacrosanto es arbitraria, resultado de un accidente evolutivo. Si las contingencias de supervivencia y de extinción hubiesen sido diferentes el abismo estaría en un lugar diferente. Los principios éticos que son basados en un capricho accidental no deberían considerase como si estuviesen grabados en piedra.

Richard Dawkins es biólogo evolutivo, nació en Nairobi, Kenya, en 1941 y se educó en la Universidad de Oxford. Comenzó su carrera como investigador en los 60, estudiando bajo la dirección del etólogo Nico Tinbergen, ganador del premio Nóbel, y desde entonces su trabajo ha girado en torno a la evolución del comportamiento. Ha obtenido las cátedras Gifford de la Universidad de Glasgow y Sidwich del Newham College de Cambridge. Además ha sido profesor de zoología de las universidades de Oxford y California, ha presentado programas de la BBC y dirigido varias publicaciones científicas. En 1995 se convirtió en el primer titular de la recién creada cátedra Charles Simony de Divulgación Científica en la Universidad de Oxford. Autor de obras muy leídas como El gen egoísta (1976 & 1989). El fenotipo extendido (1982), El relojero ciego (1986), River Out of Eden (1995), Escalando el monte improbable, Destejiendo el arco iris (2000) y La máquina de memes (2000).

Fuente: http://www.sindioses.org/cienciaorigenes/index.html

Richard Dawkins - Cuando la religión pisa el césped de la ciencia

Existe una cobarde blandeza del intelecto que aflige a gente que, normalmente racional, se enfrenta a religiones establecidas desde hace mucho tiempo (aunque, de manera significativa, no con tradiciones más modernas como la Cienciología o los Moonies).

S. J. Gould, comentando la actitud del Papa acerca de la evolución en su columna de Natural History, es representativo de una escuela dominante de pensamiento conciliador entre creyentes y no creyentes: La ciencia y la religión no están en conflicto, ya que sus enseñanzas ocupan dominios diferentes... Creo, con todo mi corazón, en un concordato respetuoso, incluso amoroso...—Stephen Jay Gould


Bien, ¿en qué consisten esos dos dominios diferenciados, esos "Magisterios No Superpuestos" que deberían apiñarse en un concordato respetuoso y amoroso? De nuevo, Gould: La red de la ciencia cubre el universo empírico: de qué está formado (hecho) y por qué funciona de esta manera (teoría). La red de la religión se extiende sobre cuestiones del significado y el valor moral.—Stephen Jay Gould

¿Quién ostenta la moral?

Ojalá fuera tan perfecto. En un momento abordaré lo que realmente dice el Papa sobre la evolución, y luego otras afirmaciones de su iglesia, para ver si realmente están tan bien diferenciadas del dominio de la ciencia. Sin embargo, primero haré un inciso sobre la afirmación de que la religión posee algún tipo de preparación especial sobre cuestiones morales. Esto lo acepta a menudo incluso la gente no religiosa, presumiblemente con el ánimo de esforzarse civilizadamente por concederle al oponente la mejor cualidad que puede ofrecer por muy débil que sea esa cualidad.

La pregunta "¿Qué es lo correcto y lo equivocado?" es una pregunta genuinamente difícil que la ciencia no puede responder. Dada una premisa moral o una creencia moral a priori, la importante y rigurosa disciplina de la filosofía moral secular puede buscar formas científicas o lógicas de razonamiento para sacar a relucir implicaciones ocultas de esas creencias, o inconsistencias ocultas entre ellas. Pero las propias premisas morales absolutas deben provenir de algún otro sitio, presumiblemente de la convicción no argumentada. O, puede esperarse, de la religión lo que significa una combinación de autoridad, revelación, tradición y escritura.

Desafortunadamete, la esperanza de que la religión pueda proporcionar un lecho de roca a partir del cual pueda derivarse nuestra moral (que de otra manera estaría basada en arena), es una esperanza vana. En la práctica, ninguna persona civilizada utiliza las Escrituras como autoridad última para el razonamiento moral. En lugar de eso, escogemos las partes bonitas de las Escrituras (como el Sermón del Monte) e ignoramos alegremente las partes desagradables (como la obligación de lapidar a los adúlteros, ejecutar a los apóstatas y castigar a los nietos de los delincuentes).

El propio Dios del Viejo Testamento, con sus celos vengativos y despiadados, su racismo, sexismo y ansias de sangre, no sería adoptado como modelo de comportamiento literal por nadie que usted o yo queramos conocer. Sí, por supuesto que es injusto juzgar las costumbres de una era antigua con nuestros estándares ilustrados. ¡Pero ése es precisamente mi punto! Evidentemente, tenemos una fuente alternativa de convicción moral última que invalida a las Escrituras cuando nos conviene. Esa fuente alternativa parece ser algún tipo de consenso liberal sobre la decencia y la justicia natural que cambia a lo largo del tiempo histórico, frecuentemente bajo la influencia de reformistas seculares. Hay que admitir que eso no suena como un lecho de roca. Pero, en la práctica, nosotros, incluídos los religiosos, le damos una prioridad mayor que a las Escrituras. En la práctica, más o menos ignoramos las Escrituras, citándolas cuando respaldan nuestro consenso liberal, olvidándonos de ellas silenciosamente cuando no lo hacen. Y, venga de donde venga ese consenso liberal, nos es accesible a todos nosotros, seamos religiosos o no.

De manera similar, los grandes maestros religiosos como Jesús o Gautama Buddha pueden inspirarnos, con su buen ejemplo, a adoptar sus convicciones morales personales. Pero, de nuevo, escogemos nuestros líderes religiosos, evitando los malos ejemplos como Jim Jones o Charles Manson, y podemos escoger buenos modelos de comportamiento seculares como Jawaharlal Nehru o Nelson Mandela. También las tradiciones, por mucho tiempo que haya pasado desde que las seguimos, pueden ser buenas o malas, y utilizamos nuestro juicio secular de la decencia y la justicia natural para decidir cuáles seguir y cuáles abandonar.

La religión sobre el césped de la ciencia

Pero esta discusión sobre los valores morales no era más que una digresión. Ahora regreso a mi tema principal de la evolución y de si el Papa cumple con el ideal de mantenerse fuera del césped de la ciencia. Su "Mensaje sobre la Evolución de la Academia Pontificia de las Ciencias" comienza con un casuístico discurso tergiversador diseñado para reconciliar lo que Juan Pablo II estaba a punto de decir con los pronunciamientos anteriores más equivocados de Pío XII, cuya aceptación de la evolución era comparativamente más reacia y de mala gana:

La Revelación nos enseña que [el hombre] fue creado a imagen y semejanza de Dios. [...] si el cuerpo humano tiene su origen en materia viva preexistente, el alma espiritual es creada inmediatamente por Dios [...] Por consiguiente, las teorías de la evolución que, de acuerdo con las filosofías que las inspiran, consideran a la mente como algo que emerge de las fuerzas de la materia viva, o como un mero epifenómeno de esta materia, son incompatibles con la verdad sobre el hombre. [...] Con el hombre, por tanto, nos encontramos ante una diferencia ontológica, un salto ontológico, podríamos decir.

Para crédito del Papa, en este punto reconoce la contradicción esencial entre las dos posiciones que intenta reconciliar: "Sin embargo, ¿no va la existencia de esa discontinuidad ontológica en contra de esa continuidad física que parece ser la línea de investigación principal en la evolución, en el campo de la física y la química?"

Que no cunda el pánico. Igual de a menudo que en el pasado, el oscurantismo viene al rescate:

Considerando el método utilizado en las variadas ramas del conocimiento, es posible reconciliar dos puntos de vista que parecen irreconciliables. Las ciencias de la observación describen y miden las múltiples manifestaciones de la vida con creciente precisión y las correlacionan con la línea del tiempo. El momento de transición a lo espiritual no puede ser objeto de este tipo de observación que, sin embargo, puede descubrir, a nivel experimental, una serie de signos muy valiosos que indican lo que es específico del ser humano.

En lenguaje corriente, hubo un momento en la evolución de los homínidos en el que Dios intervino e inyectó un alma humana en un linaje que previamente era animal. (¿Cuándo? ¿Hace un millón de años? ¿Hace dos millones de años? ¿Entre el Homo erectus y el Homo sapiens? ¿Entre el Homo sapiens "arcaico" y el H. sapiens sapiens?).

Es necesaria una inyección súbita, por supuesto, porque de otra manera no habría distinción en la que basar la moralidad católica, que es especiesista hasta la médula. Puedes matar animales adultos como alimento, pero el aborto y la eutanasia son asesinatos porque está implicada vida humana. La "red" del catolicismo no se limita a las consideraciones morales, aunque sólo sea porque la moral católica tiene implicaciones científicas. La moral católica requiere la presencia de un gran abismo entre el Homo sapiens y el resto del reino animal. Tal abismo es fundamentalmente antievolutivo. La inyección súbita de un alma inmortal en la línea del tiempo es una intrusión antievolutiva en el dominio de la ciencia.

Hablando más generalmente, es completamente irrealista afirmar, como hacen Gould y muchos otros, que la religión se mantiene fuera del césped de la ciencia, restringida a la moral y los valores. Un universo con una presencia sobrenatural sería un universo fundamental y cualitativamente distinto de uno que no la tuviera. La diferencia es, ineludiblemente, una diferencia científica. La religión realiza afirmaciones sobre la existencia, y esto significa afirmaciones científicas.

Lo mismo es cierto para muchas de las principales doctrinas de la Iglesia Católica Romana. La Inmaculada Concepción, la Asunción corporal de la Virgen María, la Resurrección de Jesús, la supervivencia de nuestras almas tras la muerte: todo esto son afirmaciones de una naturaleza claramente científica. O Jesús tuvo un padre corporal o no lo tuvo. Ésta no es una cuestión de "valores" o "moral"; es una cuestión sobre un hecho formal. Puede que no tengamos la evidencia para responderla, pero es una cuestión científica. Puede estar seguro de que si se descubriese alguna evidencia que apoyara esa afirmación, el Vaticano no se resistiría a promocionarla.

O se descompuso el cuerpo de María cuando murió, o fue extraído físicamente de este planeta hacia el Cielo. La doctrina católica oficial de la Asunción, promulgada tan recientemente como en 1950, implica que el Cielo tiene una ubicación física y existe en el dominio de la realidad física. ¿Cómo podría el cuerpo físico de una mujer ir allí de otra manera? No estoy diciendo aquí que la doctrina de la Asunción de la Virgen sea necesariamente falsa (aunque, por supuesto, así lo pienso). Simplemente estoy refutando la afirmación de que está fuera del dominio de la ciencia. Al contrario, la Asunción de la Virgen es evidentemente una teoría científica. También lo es la teoría de que nuestras almas sobreviven a la muerte corporal, y todas las historias de las visitas angélicas, manifestaciones marianas y milagros de todo tipo.

Hay algo deshonesto y auto-beneficioso en la táctica de afirmar que todas las creencias religiosas están fuera del dominio de la ciencia. Por un lado, las historias milagrosas y la promesa de la vida tras la muerte se utilizan para impresionar a la gente sencilla, ganar adeptos y engrosar rebaños. Es precisamente su poder científico lo que les da a estas historias su atractivo popular. Pero, al mismo tiempo, se considera golpe bajo someter a las mismas historias a los rigores habituales de la crítica científica: son temas religiosos y por tanto están fuera del dominio de la ciencia. Pero no se puede jugar a dos bandas. O, al menos, no se debería dejar a los teóricos y proselitistas religiosos que jueguen a dos bandas. Desafortunadamente, demasiada gente, incluyendo a gente no religiosa, está inexplicablemente dispuesta a permitirles el juego.

Supongo que es gratificante tener al Papa como aliado en la lucha contra el creacionismo fundamentalista. Es ciertamente gracioso ver cómo se fastidian los planes de creacionistas católicos como Michael Behe. A pesar de ello, si me dieran a elegir entre el fundamentalismo genuino por un lado, y el doblepensamiento oscurantista y nada ingenuo de la Iglesia Católica Romana por otro, sé muy bien cuál prefiriría.

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Sobre el autor

Richard Dawkins es biólogo evolutivo, nació en Nairobi, Kenya, en 1941 y se educó en la Universidad de Oxford. Comenzó su carrera como investigador en los 60, estudiando bajo la dirección del etólogo Nico Tinbergen, ganador del premio Nóbel, y desde entonces su trabajo ha girado en torno a la evolución del comportamiento. Ha obtenido las cátedras Gifford de la Universidad de Glasgow y Sidwich del Newham College de Cambridge. Además ha sido profesor de zoología de las universidades de Oxford y California, ha presentado programas de la BBC y dirigido varias publicaciones científicas. En 1995 se convirtió en el primer titular de la recién creada cátedra Charles Simony de Divulgación Científica en la Universidad de Oxford. Autor de obras muy leídas como El gen egoísta (1976 & 1989). El fenotipo extendido (1982),El relojero ciego (1986), RiverOut ofEden(1995), Escalando el monte improbable, (2000) y Destejiendo el arco irisLa máquina de memes (2000).


Traducido por: Gabriel Rodríguez Alberich
Fuente: http://tinyurl.com/2d4aa4

Richard Dawkins - La Improbabilidad de Dios

La gente hace muchas cosas en nombre de Dios. Los irlandeses se vuelan los unos a los otros en su nombre. Los árabes se vuelan en su nombre. Los imanes y los ayatolás oprimen a la mujer en su nombre. Los papas y sacerdotes en celibato trastornan la vida sexual de la gente en su nombre. Los shohets judíos le rajan la garganta a los animales en su nombre. Los logros de la religión en la historia (las sangrientas cruzadas, los inquisidores torturadores, los conquistadores genocidas, los misioneros destructores de culturas, la resistencia impuesta legalmente a toda verdad científica hasta el último momento) son aun más impresionantes. ¿Y a qué ha ayudado todo esto? Creo que está quedando cada vez más claro que la respuesta es absolutamente a nada. No hay razón para creer en la existencia de ningún tipo de dios, y buenas razones para creer que no existen y nunca han existido. Todo ha sido una enorme pérdida de tiempo y de vidas. Sería un chiste de proporciones cósmicas si no fuera tan trágico.
¿Por qué cree la gente en Dios? Para la mayoría de la gente, la respuesta es todavía una versión del antiguo Argumento del Diseño. Contemplamos la belleza y la complejidad del mundo: el aerodinámico batir del ala de una golondrina, la delicadeza de las flores y de las mariposas que las fertilizan, la hormigueante vida existente en una gota de agua de estanque a través de un microscopio, la copa de una secuoya gigante a través de un telescopio. Nos reflejamos en la complejidad electrónica y la perfección óptica de nuestros propios ojos, que son los que miran. Si tenemos algo de imaginación, estas cosas nos llevan a un sentimiento de respeto y reverencia. Por otra parte, no podemos dejar de impresionarnos por la obvia semejanza entre los organismos vivientes y los diseños cuidadosamente planificados de los ingenieros humanos. Este argumento fue expresado en la famosa analogía del relojero del sacerdote del siglo XVIII William Paley. Aunque no supieras lo que es un reloj, el carácter obviamente diseñado de sus ruedas dentadas y muelles, y de cómo se engranan para un propósito, te forzarían a concluir “que el reloj debe tener un hacedor: que tiene que haber existido, alguna vez, y en algún lugar, un inventor o inventores que lo construyeron para el propósito que le encontramos; que comprendían su construcción, y diseñaron su uso.” Si esto es cierto para un reloj relativamente simple, ¿cuánto más lo será para el ojo, el oído, el riñón, el codo y el cerebro? Estas estructuras bellas, complejas, intrincadas y con un propósito obvio tienen que tener su propio diseñador, su propio relojero (Dios).
Así decía el argumento de Paley, y es un argumento que casi todas las personas pensativas y susceptibles acaban por descubrir en algún momento de su infancia. A lo largo de casi toda la historia, debe haber sido una verdad completamente convincente y autoevidente. Y ahora, como resultado de una de las revoluciones intelectuales más sorprendentes de la historia, sabemos que es falso, o al menos superfluo. Sabemos que el orden y el aparente propósito del mundo viviente ha aparecido mediante un proceso completemente distinto, un proceso que trabaja sin necesidad de ningún diseñador y que básicamente es consecuencia de unas leyes físicas muy simples. Es el proceso de la evolución por selección natural, descubierto por Charles Darwin e, independientemente, por Alfred Russel Wallace.
¿Qué tienen en común todos los objetos que parecen haber tenido un diseñador? La respuesta es su improbabilidad estadística. Si encontramos una piedra transparente pulida en forma de lente por el mar, no concluímos que debe haberla diseñado un óptico: las leyes físicas pueden lograr este resultado sin ayuda; no es tan improbable que simplemente “haya ocurrido”. Pero si encontramos una lente compuesta, corregida cuidadosamente contra la aberración esférica y cromática, con un filtro para la luz brillante, y con las palabras “Carl Zeiss” grabadas en la montura, sabemos que no puede haber aparecido por casualidad. Si coges todos los átomos de la lente compuesta y los juntas al azar bajo la influencia de las leyes de la física, es teóricamente posible que, por pura casualidad, los átomos formen el patrón de una lente compuesta de Zeiss, e incluso que los átomos de alrededor de la montura queden de manera que aparezca grabado el nombre de Carl Zeiss. Pero el número de otras posibilidades en las que podrían quedar los átomos es tan enorme, vasto e inconmensurablemente grande que podemos despreciar completamente la hipótesis de la casualidad. La casualidad no cuenta como explicación.
Por cierto, esto no es un argumento circular. Puede parecer circular porque se podría decir que cualquier disposición de los átomos es muy improbable. Como se ha dicho con anterioridad, cuando una bola cae sobre una hoja de césped particular en un campo de golf, sería absurdo exclamar: “De todos los miles de millones de hojas de césped en los que podría haber caído, la bola ha caído justamente sobre ésta. ¡Qué asombrosa y milagrosamente improbable!” Aquí la falacia es, por supuesto, que la bola tenía que caer en alguna parte. Sólo podemos asombrarnos de la improbabilidad del suceso si lo especificamos a priori: por ejemplo, si un hombre con los ojos vendados gira sobre sí mismo en el tee, golpea la bola al azar, y logra un hoyo en uno. Eso sería realmente asombroso, porque el objetivo de la bola se especifica de antemano.
De los trillones de formas que hay de juntar los átomos de un telescopio, sólo una minoría funcionaría realmente de manera útil. Sólo una pequeña minoría tendría el nombre de Carl Zeiss grabado, o, de hecho, cualquier palabra de cualquier lenguaje humano. Ocurre lo mismo con las piezas de un reloj: de todos los miles de millones de formas que hay de juntarlas, sólo una pequeña minoría dará la hora o hará algo útil. Y, por supuesto, lo mismo ocurre, a posteriori, con las partes de un cuerpo viviente. De las trillones de trillones de maneras que hay de juntar las partes de un cuerpo, sólo una minoría infinitesimal podría vivir, buscar comida, comer y reproducirse. Cierto, hay muchas formas de estar vivo (al menos diez millones de formas si contamos el número de especies distintas que hay en la actualidad) pero, haya las formas que haya de estar vivo, ¡es seguro que hay muchísimas más formas de estar muerto!
Podemos concluir con seguridad que los seres vivos son demasiado complicados (demasiado improbables estadísticamente) para que hayan aparecido por pura casualidad. ¿Cómo, pues, han aparecido? La respuesta es que la casualidad tiene que ver en esta historia, pero no un acto individual y monolítico de casualidad. En cambio, se ha dado uno tras otro en secuencia, una larga sucesión de pequeños pasos casuales, cada uno lo suficientemente pequeño para que sea un producto creíble de su predecesor. Estos pequeños pasos de casualidad están causados por las mutaciones genéticas, cambios al azar (errores de hecho) en el material genético. Estos cambios producen alteraciones en la estructura del cuerpo. La mayoría de estos cambios son letales y llevan a la muerte. Una minoría de ellos resultan ser ligeras mejoras, que llevan a un aumento de la supervivencia y la reproducción. A través de este proceso de selección natural, esos cambios azarosos que resultan ser beneficiosos acaban por extenderse en la especie y se convierte en la norma. La escena queda ahora a la espera de otro pequeño cambio en el proceso evolutivo. Después de, digamos, un millar de estos pequeños cambios, cada uno de los cuales proporciona la base para el siguiente, el resultado final se ha hecho, por proceso de acumulación, demasiado complejo para que haya aparecido en un acto individual de casualidad.
Por ejemplo, es teóricamente posible que aparezca, de un simple golpe de suerte, un ojo de la nada: digamos de la piel desnuda. Es teóricamente posible en ese sentido que la receta se haya escrito en la forma de un gran número de mutaciones. Si todas estas mutaciones ocurrieran simultáneamente, podría aparecer un ojo de la nada. Pero, aunque es teóricamente posible, es inconcebible en la práctica. La cantidad de suerte implicada es demasiado grande. La receta “correcta” implica cambios en un número enorme de genes simultánemente. La receta correcta es una combinación particular de cambios entre trillones de combinaciones de cambios igualmente probables. Podemos descartar con seguridad una coincidencia tan milagrosa. Pero es perfectamente plausible que el ojo moderno haya aparecido a partir de algo casi igual al ojo moderno pero no del todo: un ojo un poquito menos elaborado. Con el mismo argumento, este ojo un poquito menos elaborado apareció a partir de un ojo un poquito menos elaborado aún, etcétera. Si suponemos un número suficientemente grande de diferencias suficientemente pequeñas entre cada etapa evolutiva y su predecesora, podemos derivar un ojo complejo a partir de la piel desnuda. ¿Cuántas etapas intermedias podemos postular? Eso depende de con cuánto tiempo podemos tratar. ¿Ha habido suficiente tiempo para que se desarrollen ojos de la nada mediante pequeños pasos?
Los fósiles nos dicen que la vida se ha desarrollado en la Tierra desde hace más de 3.000 millones de años. Es casi imposible para un hombre imaginar una cantidad de tiempo tan inmensa. Natural y afortunadamente, tendemos a percibir nuestra propia vida como un periodo de tiempo bastante largo, aunque raramente vivamos un siglo. Hace 2.000 años que vivió Jesucristo, un periodo de tiempo suficientemente largo para confundir la diferencia entre historia y mito. ¿Puedes imaginar un millón de veces ese periodo? Supón que queremos escribir toda la historia en un largo rollo de papel. Si metiéramos toda la Historia en un metro de rollo, ¿cuánto ocuparía la parte del rollo destinada a la Prehistoria, desde el principio de la evolución? La respuesta es que la parte del rollo dedicada a la Prehistoria se extendería desde Milán a Moscú. Piensa en las implicaciones que esto tiene en la cantidad de cambio evolutivo que cabría en todo ese tiempo. Todas las razas domésticas de perro (pekineses, perros de lanas, perros de aguas, San Bernardos y Chihuahuas) han surgido a partir de lobos en un periodo de tiempo que se mide en cientos o como mucho miles de años: no más de dos metros en el trayecto de Milán a Moscú. Piensa en la cantidad de cambio implicado en el tránsito de un lobo a un pekinés; ahora multiplica esa cantidad de cambio por un millón. Si lo miras de esa manera, parece más fácil creer que un ojo puede desarrollarse de la nada poco a poco.
Se hace necesario para satisfacer nuestra existencia que todas las partes intermedias en la ruta evolutiva, digamos desde la piel desnuda hasta el ojo moderno, tienen que haberse favorecido por la selección natural; haber sido una mejora con respecto a su predecesor en la secuencia o al menos haber sobrevivido. No tiene sentido pensar que teóricamente existe una cadena de partes intermedias casi imperceptiblemente diferentes, si muchos de esos individuos intermedios han muerto. A veces se arguye que las partes de un ojo tienen que estar todas presentes o el ojo no funcionaría en absoluto. Medio ojo, dice el argumento, no es mejor que ningún ojo. No puedes volar con medio ala; no puedes oír con medio oído. Por tanto no puede haber existido una serie de partes intermedias hasta el ojo, ala u oído modernos.
Este tipo de argumento es tan ingenuo que uno sólo puede preguntarse cuáles son los motivos subconscientes para querer creer en él. Es obviamente falso que medio ojo sea inútil. Los que padecen de cataratas cuyos cristalinos han sito extirpados quirúrjicamente no ven bien sin gafas, pero están mucho mejor que la gente que no puede ver nada. Sin cristalino no puedes enfocar detalladamente una imagen, pero puedes evitar chocar con obstáculos y detectar la sombra amenanzante de un depredador.
Con respecto al argumento de que no se puede volar con medio ala, es refutado por un gran número de animales planeadores, incluyendo a mamíferos de muchos tipos, lagartos, ranas, serpientes y calamares. Muchos tipos distintos de animales arbóreos tienen membranas de piel entre sus articulaciones que son realmente medio alas. Si te caes de un árbol, cualquier membrana de piel o aplanamiento del cuerpo que aumente el área de tu superficie puede salvarte la vida. Y, sean como sean de grandes tus membranas, siempre tiene que haber una altura crítica tal que, si te caes de un árbol desde esa altura, habrías salvado la vida con sólo un poquito más de superficie. Entonces, cuando tus descendientes hayan desarrollado esa superficie extra, podrán salvar sus vidas con sólo un poquito más de superficie, si se caen de un árbol a una altura ligeramente superior. Y así, mediante una sucesión imperceptiblemente gradual de pasos, cientos de generaciones después, aparecen alas completas.
Los ojos y las alas no pueden aparecer de una vez. Eso sería como tener la casi infinita suerte de dar con la combinación que abre la caja fuerte de un gran banco. Pero si giras las ruedas de la cerradura al azar, y cada vez que te acercas un poco al número afortunado la puerta de la caja fuerte hace un crujido, ¡no tardarías en abrir la puerta! Esencialmente, ése es el secreto de cómo la evolución por selección natural logra lo que antes parecía imposible. Las cosas que no pueden derivarse plausiblemente de predecesores muy diferentes pueden derivarse plausiblemente de predecesores sólo ligeramente diferentes. Teniendo una serie suficientemente larga de predecesores ligeramente diferentes, podemos derivar cualquier cosa a partir de cualquier otra cosa.
La evolución, pues, es teóricamente capaz de hacer el trabajo que, érase una vez, parecía ser una prerrogativa de Dios. Pero ¿existe alguna prueba de que la evolución haya existido realmente? La respuesta es sí; las pruebas son abrumadoras. Se encuentran millones de fósiles exactamente en el sitio y exactamente a la profundidad que deberíamos esperar si la evolución fuese cierta. No se ha encontrado ni un solo fósil en un lugar donde la evolución no sea capaz de explicarlo, aunque esto podría haber pasado fácilmente. Un fósil de mamífero en rocas tan antiguas que los peces aún no habían aparecido, por ejemplo, sería suficiente para refutar la teoría de la evolución.
Los patrones de distribución de los animales y plantas en los continentes e islas del mundo es exactamente lo que esperaríamos si se hubieran desarrollado a partir de ancestros comunes mediante un proceso lento y gradual. Los patrones de semejanza entre los animales y plantas es exactamente lo que deberíamos esperar si algunos fueran primos entre ellos, y otros fueran primos más distantes. El hecho de que el código genético sea el mismo en todas las criaturas vivientes sugiere abrumadoramente que todas son descendientes de un único ancestro. La evidencia de evolución es tan convincente que la única manera de salvar la teoría de la creación es suponer que Dios colocó deliberadamente enormes cantidades de pruebas para hacer que pareciese que la evolución fuese real. En otras palabras, los fósiles, la distribución geográfica de los animales, etcétera, son todos un gigante truco de timador. ¿Alguien quiere adorar a un Dios capaz de tal fraude? Es seguro mucho más reverente, y más sensato científicamente , aceptar el significado literal de la evidencia. Todos los seres vivos son primos unos de otros, descendientes de un ancestro remoto que vivió hace más de 3.000 millones de años.
El Argumento del Diseño ha sido pues destruido como razón para creer en Dios. ¿Hay muchos más argumentos? Algunos creen en Dios por lo que dicen es una revelación interior. Tales revelaciones no son siempre edificantes pero parecen sin duda reales al individuo implicado. Muchos habitantes de manicomios tienen la fe interior de que son Napoleón o Dios mismo. El poder de esas convicciones es indudable para los que las tienen, pero esto no es razón para que el resto de nosotros les creamos. De hecho, ya que esas creencias son mutuamente contradictorias, no las creemos en absoluto.
Hay algo más que debe decirse. La evolución por selección natural explica muchas cosas, pero no pudo empezar de la nada. No podría haber empezado hasta que apareciese algún tipo de reproducción y herencia. La herencia moderna está basada en el código del ADN, que es de por sí demasiado complicado para que apareciese espontáneamente mediante una casualidad individual. Esto parece significar que tuvo que haber existido un sistema hereditario anterior, ahora desaparecido, que era lo suficientemente simple para que apareciese por casualidad por las leyes de la química, y que proporcionó el medio en el que pudo dar comienzo una forma primitiva de selección natural acumulativa. El ADN fue un producto posterior de esta selección acumulativa. Antes de esta original forma de selección natural, hubo un periodo en el que los compuestos químicos se formaron a partir de elementos más simples, siguiendo las conocidas leyes de la física. Antes de eso, todo fue construido a partir del hidrógeno puro como consecuencia inmediata del big bang, el suceso que inició el universo.
Existe la tentación de argumentar que, aunque Dios puede no ser necesario para explicar la evolución de orden complejo una vez que el universo comenzó con sus leyes fundamentales de la física, sí necesitamos a Dios para explicar el origen de todas las cosas. Esta idea no le deja mucho trabajo a Dios: sólo hizo estallar el big bang, se sentó y esperó a que pasara todo. El físico-químico Peter Atkins, en su libro maravillosamente escrito La Creación, postula un Dios perezoso que se esforzó por hacer lo menos posible para iniciarlo todo. Atkins explica cómo todo suceso en la historia del universo resulta, por simple ley física, de su predecesor. Así reduce el trabajo que el perezoso creador necesitaría realizar y finalmente concluye que, de hecho, ¡no habría necesitado hacer nada en absoluto!
Los detalles de la etapa primordial del universo pertenecen al reino de la física, mientras que yo soy un biólogo, más relacionado con las etapas posteriores de la evolución de la complejidad. Para mí, la cuestión importante es que aunque el físico necesite postular un mínimo irreductible que tuvo que estar presente en el inicio, para que el universo pudiera comenzar, ese mínimo irreductible es ciertamente extremadamente simple. Por definición, las explicaciones que surgen de premisas simples son más plausibles y más satisfactorias que las explicaciones que tienen que postular comienzos complejos y estadísticamente improbables. ¡Y es difícil conseguir algo más complejo que un Dios Todopoderoso!

Traducción de Gabriel Rodríguez Alberich

viernes, 4 de diciembre de 2009

MODELO DE SOLICITUD PARA APOSTATAR.

DECLARACIÓN DE APOSTASÍA
Al Obispo D. ………….……….….………… titular de la diócesis de ………..…….……….………
Yo, D. ………..…………………….………, con DNI n.º ………..…………….….……, mayor de edad y residente en la población de ……..……..………………..……………, que según le consta fue bautizado el día ….… de ……….….……..…………… de …………… en la parroquia de ……………………………………..….. perteneciente a la diócesis indicada, actuando en nombre e interés propio y hallándose en pleno uso de su libre y espontánea voluntad
MANIFIESTA:
Primero
— Que, no habiendo encontrado en el Derecho Canónico procedimiento alguno establecido para la tramitación del presente escrito, lo dirijo al Obispo diocesano por las consideraciones siguientes:
— Que el cánon 393 del Código de Derecho Canónico dispone que "El Obispo diocesano representa a la diócesis en todos los negocios jurídicos de la misma".
— Que el cánon 383.1, establece que "Al ejercer su función pastoral, el Obispo diocesano debe mostrarse solícito con todos los fieles que se le confían (...), así como a quienes se hayan apartado de la práctica de la religión".
— Que el cánon 369 define la diócesis como "una porción del pueblo de Dios cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la cooperación del presbiterio, de manera que, unida a su pastor y congregada por él en el Espíritu Santo mediante el Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente está presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica".
Segundo
— Que en su día fui bautizado en la fe católica como consecuencia de una decisión tomada por otras personas sin que en ese momento, a causa de mi edad, mediara en modo alguno la participación de mi propia voluntad, y sin que dispusiera de libertad ni conciencia suficientes para emitir un juicio sobre mis convicciones personales.
— Que tras haber meditado durante el tiempo suficiente sobre el significado de mi pertenencia a la fe Católica no hallo ningún pretexto para continuar perteneciendo a la Iglesia Católica, entrando mi voluntad en contradicción con la adscripción a esta institución.
— Que la fidelidad a la propia conciencia es un derecho constitucional inalienable reconocido por la legislación mediante el artículo 16 de la Constitución Española, a la cual ninguna entidad privada o pública puede oponerse.
— Que, por tanto, rechazando totalmente la fe cristiana, me considero incurso en apostasía tal y como la define el cánon 751 del Código de Derecho Canónico, por lo que
SOLICITO:
Me sea reconocida por la Iglesia la condición de apóstata, dejando de contarme entre sus fieles y de considerarme católico a todos los efectos —incluso los estadísticos—, incluyendo, si procediera, la oportuna anotación de apostasía en el Libro de Bautismos y cualesquiera otros registros eclesiásticos.
En ………………………… , a .….. de ……………………… de …………
Firmado:
(Esta carta es mejor que se utilice como referencia y recomendamos que expliqueis con vuestras propias palabras los motivos por los que solicitais la apostasía).
Recomendaciones:
1. El envío de la carta con acuse de recibo para asegurarse de que la reciben.
2. Conseguir copia de la partida de bautismo en la parroqula en la que te bautizaron, donde constará el nombre de la parroquia y la fecha exacta de tu bautizo.
En todo caso si no se sabe poner la fecha aproximada de tu bautizo.

Si desconoces el arzobispado al que debes dirigirte, puedes lnformarte Ilamando a la Conferencia Episcopal Española (91-343.96.00).